(Buenos Aires) Hacemos planes para el fin de semana, para las vacaciones, para los cumpleaños. Pero, ¿a quién se le ocurre armarse una salida para la noche de luna llena?
A la luna se la recibe y se la celebra. Como diosa que es, que hace crecer las cosas, que cambia sus fases, que oculta y desoculta. Como excusa new age para festejar, pasear, bailar y emborracharse.
Sin motor
La Masa Crítica no es una organización ni un movimiento. Es más bien una propuesta y un evento urbano, ecológico, social, cultural, político. Un grupo de gente que pasea en bicicletas por las calles de la ciudad, así de sencillo. También es bienvenido cualquier otro medio de transporte autopropulsado, como sillas de rueda, skates o patines. Motivos no faltan: promover un cambio de conciencia que apunte a apropiarnos de las calles de manera colectiva, saludable y verde, libre y bella; reclamar nuevas leyes de tránsito, intentar cambiar las relaciones de poder sobre el asfalto; divertirse, conocer gente, seducir; pertenecer a algo, a algún lugar, aunque sea un ratito en estos tiempos fragmentados; sentir que nos abrimos paso en o contra el viento mientras nuestros pies no tocan el suelo.
La movida arrancó en el 92 en San Fransisco y se volvió costumbre espontáneamente: misma hora, mismo lugar, mes a mes. Espontáneamente: como tantos que se unen en cada paseo, como el trayecto mismo, como su expansión ciudad tras ciudad.
¿Por qué el nombre? Masa crítica suele referirse a lo que se genera cuando gran o la mayor parte de una sociedad convergen en el cuestionamiento del statu quo en algún tema socialmente relevante, con posibilidades de generar algún cambio, algún efecto. Quizá la extrapolación en este caso sea un poco exagerada, pero en todo caso existe un colectivo en movimiento y una demanda específica, aunque no todos vayan para encolumnarse detrás de esa bandera o de alguna otra. Esto resta agitación pero no legitimidad.
En Buenos Aires hay citas el primer domingo de cada mes a las 4 pm en el Obelisco, y cada luna llena a las 9 de la noche en el mismo lugar. Las luces de la ciudad, de las estrellas, de la madreluna le suman magia a la magia, o pizca de exotismo a la sensación Amélie. Romanticismo, divertimento, ritual o esnobismo. Sea por lo que sea, una buena costumbre.
El fuego y los tambores
Los más tempraneros buscan las primeras maderas. A orillas del lago, entre los árboles, nace el fuego que emana luz y energía. Desde el silencio irrumpen los golpes percusivos que marcan el ritmo. Ambos elementos rigen el orden: como un ritual ancestral.
Los cuerpos se juntan, se mueven, sudan y se desatan: como un carnaval popular.
La tribu, los militantes, los fieles resisten cualquier inclemencia climática, la vencen con su fuego interno: como el mito del héroe.
Hay formas circulares en el Planetario a cuyos pies se reúnen, en los parches de los tambores, en la ronda alrededor del fuego, en la luna: la vida cíclica donde todo es uno y lo mismo, como los antiguos griegos.
Hay malabaristas con diábolos o antorchas encendidas, vendedores de panes rellenos y de cerveza: como en cualquier lugar donde haya jipis y juventú gozona.
La noche puede arrancar a pedal en la Masa Crítica y continuar en el Encuentro de Tambores, que empieza pasadas las 9 y dura mientras las voluntades lo animen, mientras no se apague el fuego.
Nicolás Israel
Masa Crítica en Buenos Aires – www.masacriticabsas.com.ar
Para fanáticos - lavidaenbici.com
Encuentro de tambores en luna llena – con ese nombre, en FB.



Bien, por la crónica!!!!!!!!!!!!!! eso de agregarle el video, es un plus excelente!!!!!!!!!!