Querétaro cachondo

(Querétaro) –Guía del sexo para la ‘muy noble y muy leal ciudad de Querétaro’–

Hace algún tiempo, era muy común ver o escuchar cómo una parte significativa de los habitantes provenientes de otros estados que han llegado a vivir a la ciudad de Querétaro en los últimos 15 años, se quejaran de la actitud y la forma de ser de los queretanos de nacimiento, haciendo énfasis en diferentes aspectos, como ese hermetismo provinciano que distingue a los grupos sociales y los hace sumamente cerrados, esa profunda religiosidad católica que permea en la cultura moral de muchos de sus habitantes, esa actitud de superioridad a partir del desarrollo industrial que ha venido acaparando en las últimas décadas, y en general, esa habitual desconfianza por el fuereño que se manifiesta a través de una actitud cortante y seca. La cultura popular mexicana ha inventado un término para referirse a este tipo de personas: mochos. Y, aparentemente, Querétaro es (o era) territorio mocho.

La doble personalidad de la identidad queretana

Ser mocho es ser conservador, persignado, santurrón, retrógrada… y ser un queretano mocho es sinónimo de ejercer una actitud localista de reserva y de recelo, heredera de una cosmovisión cuyo origen se remonta a un pasado colonial, en el que la Iglesia era el eje de la vida humana, y que tuvo su máximo esplendor durante el Virreinato en la zona del bajío y de manera más específica en la capital queretana, que fue bastión de la evangelización en aquel tiempo. En síntesis, ser mocho significa una asociación directa a los valores morales de la fe católica y el conservadurismo, pero también, resulta en una añoranza a la grandeza de un pasado irrecuperable, que lucha por persistir en la mente de sus defensores en medio de un presente trastocado por el proceso urbano de la modernidad, acarreado a su vez por el desarrollo de la tecnología y la industria en la región.

Para muchos Querétaro sigue siendo mocho; simultáneamente, para otros, Querétaro es más bien una ciudad inquieta, con una urgencia por consumar un intenso proceso de globalización e industrialización para convertirse en una ciudad cosmopolita que, por necesidad, se ha vuelto cada vez más abierta y más accesible. Una ciudad cachonda, lúbrica (tal y como la describió el escritor Carlos Monsiváis cuando se le preguntó si para él Querétaro aún era territorio mocho), aunque dicha apertura, a pesar de ser cada vez más notable y más radical, sigue guardando ese velo de discreción que raya en la hipocresía. Sin embargo, evidentemente, Querétaro es cachondo porque sus habitantes lo son. Sobra con recorrer la ciudad un viernes o un sábado por la noche, y durante la madrugada, para darse cuenta de que ésta ya no es aquella ciudad tranquila donde “nunca pasa nada”.

 

De noche en la ciudad donde “nunca pasa nada”

Empecemos por hablar de los bares de “esparcimiento erótico para hombres” o mejor conocidos como puteros, congales o tugurios, los cuales se han ido reproduciendo como hongos y los hay de todos los niveles. Ahí está el Fiesta Charra, un congal ubicado al sur de la ciudad, cuya popularidad es notable pues todos tenemos un conocido que ha ido, y donde del que se dice “la calidad de las carnes es muy buena”; también existe la versión VIP, que se ubica al noroeste de la urbe y, evidentemente, es más caro. Otro putero recurrente  es El corral de la chiva, que se encuentra en el kilómetro 41 de la carretera libre Celaya-Querétaro, el cual es asiduamente visitado por traileros, comerciantes y policias judiciales por su ubicación “de paso”. También existen los tugurios de alto rango o “nivel ejecutivo” como se autodenominan, aquí el ejemplo perfecto es La yegua, cuya ubicación es más bien céntrica, y por supuesto, no nos olvidemos de los table dance, entre los que destacan el Punto G y El Farallón.

Si no es en un congal, donde además de la entrada y la bebida, pagas el baile de la chica y si se pone buena la cosa también “el privado”, existen numerosos sitios conocidos como “casas de citas”, los cuales se disfrazan comúnmente de centros de masajes y en donde el verdadero negocio es el sexo. Estas casas de citas se distinguen por operar con mayor clandestinidad, pues además de que su ubicación e identidad “es secreta”, también es sabido que son sitios involucrados en la trata de personas para la explotación sexual, e incluso la prostitución infantil, y en los cuales una sesión de sexo con una chica puede llegar a costar de 200 a 400 pesos. Estos “centros de masajes” se anuncian a través de pequeñas postales con imágenes de mujeres desnudas y teléfonos celulares a los que deben llamar los “curiosos”, las cuales son repartidas en los semáforos de la ciudad, habitualmente por manos de niños. Estas postales son igualmente empleadas por acompañantes privados o scorts, ya sean hombres o mujeres, que trabajan para alguna agencia o por su propia cuenta, y cuyo instrumento esencial de trabajo es su cuerpo.

Pero mejor salgamos a la calle, porque cuando la montaña no viene a Mahoma, Mahoma va a la montaña, y en Querétaro basta con darse una vuelta por algunos sitios claves de la ciudad para “obtener algo de acción”. Iniciemos por recorrer los moteles, los cuales se extienden como senderos a lo largo de las carreteras que conectan a la capital con las ciudades vecinas, o algunos otros se concentran en el centro bajo el título de “hostales” o “posadas”. Muchos de ellos funcionan como lugar de trabajo de todo tipo de trabajadores/as sexuales, sobre todo los que se encuentran en grandes avenidas o libramientos. Sin embargo, esto no necesariamente habla de una buena relación entre ambas partes, todo depende de la mediación de los proxonetas, o como se dice acá en México, de los padrotes.

Ahí tenemos al motel Venus, afamado sitio ubicado sobre la carretera Querétaro-México, a la altura de la avenida Pasteur, en pleno sur de la ciudad, en donde lo que rifan son las travestis, los cuales pueden llegar a ser muy agresivos si se sienten amenazados. Lucen pelucas de colores, tacones altos y cuerpos exageradamente esbeltos que delatan su verdadero sexo, pero que, sin duda, quitan el aliento a uno que otro conductor. Por lo regular laboran en grupos para hacer frente a los clientes que se quieren pasar de
listos. Atrás del motel hay un canal largo y solitario de donde es posible ver salir a las “vestidas” acomodándose la minifalda o retocándose el peinado durante la noche y toda la madrugada. Por la mañana,
la calle del canal luce manchada de salpicaduras en las paredes y hay uno que otro condón usado en el piso. A veces también hay manchas de sangre. El Venus es un sitio netamente de paso por su ubicación, por lo que es muy visitado por conductores de trailer y demás transportistas. Sin embargo, la clientela, igualmente proveniente de fuera que de dentro la ciudad, es el ejemplo perfecto de cómo la heterosexualidad se ha vuelto tan flexible, al grado de que la población masculina que se asume como heterosexual es cliente frecuentes de las travestis, pero claro, tiene que guardar las apariencias y ejercer esa doble moral queretana.

Otra avenida que ha tenido una fuerte presencia de “vestidas” es los últimos años es la Avenida de la Luz, ubicada al noroeste de la ciudad y donde se encuentran colonias de banda brava como Satélite y Cerrito Colorado. En esta larga vía, que se extiende por todo el noroeste de la ciudad y que está repleta de fábricas, talleres industriales, tiendas distribuidoras y centros comerciales, la madrugada cae sobre un camellón solitario, uno que otro obrero camina a su casa, algunas bandas de hommies no tan amigables salen a cazar despistados y también se escucha el taconeo de las travestis rondando la avenida, acercándose a los carros, fumándose un cigarro, acomodándose la bolsa. Ciertamente, la banda es mucho más pesada aquí, por ello las ‘vestidas’ están más organizadas y son capaces de lo que sea con tal de hacer valer su dominio sobre este, su territorio, aún a pesar del constante acoso de los patrulleros y de los clientes.

Ahora que si lo que se busca es una mujer “auténtica”, como la describiría el estereotipo del macho mexicano, habrá que ir más hacia el centro y pasando la plaza de Santa Cecilia, sobre Avenida Universidad desde 5 de febrero hasta Tecnológico, encontraremos el legendario bar Río Ayutla, un sitio ubicado a la altura de la Universidad Autónoma de Querétaro, cuya historia se extiende desde la segunda mitad del siglo pasado, y que para la mayoría de los queretanos es el “lugar de las putas” por excelencia. Afuera del bar, a lo largo de varias cuadras de avenida, se encuentran desde muy temprano (9 o 10 de la noche) mujeres de todos colores y sabores, recargadas en la pared o paradas cerca de la banqueta, con sus botas negras, sus faldas de cuero, el maquillaje bien cargado, o algún vestido blanco, más inocente. Al final de la misma calle se hallan las “vestidas”, quienes en Río Ayutla se encuentran notablemente en un segundo lugar respecto a sus compañeras. Esta es la zona de tolerancia más popular en la zona centro, tanto que cuando alguien quiere ver prostitutas en la peda le dice a su conductor: “llévame al río con las putas”, como también se conoce a la Avenida Universidad.

La  calle Cuauhtémoc, ubicada en la zona de la otra banda, famosa por albergar una que otra cantina y que desemboca en la Antigua Estación de Tren, también tiene una  notable actividad de prostitución femenina, donde lo que hay son señoras, algunas gorditas, otras más entradas en años, pero todas dispuestas a trabajar, casi siempre con los borrachines que salen de las cantinas. También está la calle Arteaga donde, a la altura de Vergara, anteriormente era posible ver a las “prostis” trabajando desde las 3 de la tarde afuera del Templo de Teresitas. Ahora ya muchas fueron expulsadas del centro histórico y a las que sobraron les corrieron el horario. Al igual que en Teresitas, el Jardín de los Platitos es otro sitio céntrico que fue “limpiado” de trabajadoras sexuales, borrachines, indigentes y teporochos en los últimos años. Ubicado en la esquina de Invierno y Avenida Universidad, este jardín, que más bien es una pequeña plaza, fue durante mucho tiempo otro lugar recurrente para encontrar acción y está ubicado justo enfrente de otra cantina legendaria: El luchador.

Ubicada sobre Corregidora Norte, la zona de El Cerrito incluye barrios queretanos originarios tales como La Trinidad, El Tepe, San Roque o Santa Catarina, donde existen numerosos bares como El Tenampa, El gallo colorado, o el A.D.O., en los que es posible encontrar mujeres, echarse un pulque, un mezcal, un tequilazo, o mínimo, quemarse un poco la garganta con el aguardiente más barato de la vinatería, lo que nos recuerda que las vinatas, los oxxos, los extras y los depósitos de cerveza también son todos lugares para beber en potencia. Algo innegable es cómo la zona de “la otra banda” parece entrar en una especie de trance durante la noche y la madrugada. Famosa por su peligrosidad, esta zona tiene ese fuerte sentido de identidad de barrio que se materializa en las callejuelas, las fachadas de las casas y que nos indica que, invariablemente, nos encontramos del lado de “la otra banda” y hay que andarse con cuidado.

La prostitución es legal en México y aparentemente es una actividad que se encuentra regulada, incluso en Querétaro. Las prostitutas de Río Ayutla tienen un sindicato. Sin embargo, resulta evidente que aún hoy en día hay bastante controversia alrededor del asunto, tanto en el aspecto de las zonas de tolerancia como en el asunto de los derechos laborales como tales, pues además de que existe una notable discriminación hacia las y los trabajadores/as sexuales por parte de sus clientes, de los policías y de la sociedad en general, muchos/as de ellos/as trabajan a partir de la mediación de un padrote o madrota (proxeneta) quienes sacan provecho económico de su trabajo al operar como mediadores ante los clientes. Respecto a esto, hace poco la Revista Proceso publicó un reportaje acerca de la alza de adolescentes desaparecidas en los últimos años en Querétaro (tan sólo en 2012 ah habido 53 mujeres desaparecidas, de las cuales 48 son menores de edad) lo cual está directamente relacionado a la “trata de blancas” y la prostitución.

Podríamos decir que en Querétaro la prostitución incluso es histórica y hay sitios que cargan con todo esa carga cultural, tal es el caso del Andador Mariano Matamoros, ubicado entre Guerrero y Allende, en pleno corazón del centro histórico. Este lugar fue conocido en un pasado lejano como “el andador del excomulgado”, pues se decía que las monjas del antiguo convento de Santa Clara ahí se encontraban con sus amantes para “consumar el acto sexual”. Posteriormente, en los ochentas y noventas, aún en la época priísta, este andador, que en aquel entonces se encontraba sumamente deteriorado, era también un lugar dominado por borrachines, teporochos y, claro, prostitutas. Hoy en día es un andador turístico con hoteles, bares y cafés, que ha adquirido ese toque artificial de callejón tranquilo en donde a lo mucho hay un after. Sin embargo, aún es posible encontrar parejas fajando a mitad de la noche e incluso, cogiendo a mitad de la madrugada.

Otro sitio importante en la vida nocturna del centro de Querétaro es la Alameda Hidalgo, este pulmón urbano ubicado entre Av. Zaragoza y Av. Constituyentes, que además de albergar una notable zona de comercio informal a lo largo de la avenida Zaragoza, es famoso por ser punto de reunión de “prostis” y travestis a altas horas de la madrugada a lo largo de las cuatro largas banquetas que la rodean, pero también, por ser un sitio de “ligue gay” en el que durante la mañana, la tarde, la noche y prácticamente todo el tiempo, hombre jóvenes, maduros y otros más entrados en años, caminan por el interior o por el exterior de la Alameda en busca de algo de “contacto humano”. Algunos sólo sugieren algo con la mirada, otros más pasan tocando su entrepierna, incluso es muy sabido que hace algunos años existían regaderas públicas en el interior de este parque central donde el “ligue” se convertía en sexo clandestino. Ahora las regaderas o baños sauna se encuentran cruzando la calle.

Esta zona es muy frecuentada por trabajadores y visitantes originarios de los municipios cercanos,  “gente de la prole” como les llamaría la “gente bien”, sobre todo porque a esa altura de la avenida Zaragoza hay una enorme parada por donde transitan todos los camiones que parten hacia comunidades y municipios lejanos o a la central camionera. Según algunos historiadores en este sitio está la esquina más cachonda de Querétaro: “Zara-goza con Vergara”. Pero prosigamos, porque la Alameda no es el único sitio famoso en la ciudad por ser punto de ligue gay. En realidad, toda esta zona del suroeste del centro histórico se convierte en un foco de calentura y algunos otros sitios más ubicables como el Jardín Guerrero, el Jardín Constitución o el Jardín Zenea, también son famosos por ser sitios de ligue entre homosexuales durante la medianoche y la madrugada. También tenemos a la calle Guerrero, la cual desde el Jardín que lleva el mismo nombre, hasta avenida Zaragoza, se convierte en zona cachonda entre hombres.

Cuando hablamos de “ligue gay” nos referimos a encuentros casuales entre hombres (algunos sexuales, otros menos elaborados, algunos pagados con dinero, otros sólo por diversión) que surgen a partir de una breve plática o de un simple cruce de miradas. Este flirteo clandestino tiene lugar más durante la madrugada o la noche pues, a pesar de que hay una población queretana considerable que es homosexual, una abrumadora mayoría aún vive su condición homosexual con suma discreción e hipocresía y limitan sus necesidades eróticas al sexo casual, informal y clandestino, al ceder ante las limitantes morales de una sociedad aparentemente arraigada aún a las “buenas costumbres”. Esta población masculina es sumamente susceptible a las enfermedades de transmisión sexual y está destinada a vivir una doble vida en la medida en que interioriza los valores mochos de la cultura queretana.

El ligue gay no está limitado a los sitios públicos, sino que más bien surge y tiene su mayor presencia en los bares o antros gays que en los últimos años se han ido multiplicando y diversificando en la ciudad. En este caso, si lo que se busca es ir a la bailar, discos como el Barcelona Lounge y el Digital Club, son las opciones indicadas, aunque también está el Con las rojas y el Heaven, ubicados sobre Av. Constituyentes. Este último tuvo un periodo de fuerte presencia en la comunidad homosexual, tanto que durante un tiempo ser gay en queretaro era sinónimo de “ir al Heaven”. Otro lugar muy sonado es el bar Maximiliano, ubicado en calle Morelos al norte del centro histórico. Aparte del alcohol, en estos sitios proliferan otras drogas como el éxtasis, las tachas, la cocaína, los poppers e incluso los ácidos, además del ligue frecuentemente entre desconocidos que termina, por lo regular, en un acostón.

 

Podríamos extendernos más líneas, pues cuando se trata de encontrar acción la ciudad de Querétaro nos ofrece muchas opciones. Casi olvidamos mencionar, por ejemplo, las cantinas ubicadas a lo largo de Av. Zaragoza a la altura de tanque de La Cruz hacia el centro, tales como La Asamblea, La Posta o El Sevilla, donde también es posible encontrar mujeres para divertirse, así como las cantinas de los barrios de La Cruz, San Francisquito, Santa Rosa y Santa Ana. E incluso, resulta sumamente fascinante cómo las necesidades eróticas de una sociedad toman formas cada vez más peculiares, pues al igual que los afters, otra práctica reciente para propiciar encuentros sexuales son las “fiestas sexuales” o las “casas de sexo”, sitios acondicionados para la realización de orgías en las que los asistentes pagan un precio por el acceso, al llegar dejan sus pertenencias y ropa en una habitación aislada, y se dedican simplemente a coger con quien les guste o a ver coger a las demás personas a lo largo de las habitaciones del lugar, siempre oscuras, saturadas de música, algunas tienen pantallas donde se transmiten videos pornos, otras huelen a marihuana, también rolan otras drogas y la barra libre siempre se coloca sobre una mesa con luz fluorescente.

La resaca del día siguiente

Querétaro es una ciudad cachonda, de eso no hay duda. También es una ciudad diversa, pues siempre hay algo para todos. Sin embargo, esta fuerte tendencia a la cachondería está definida por una urgencia producto de la represión ejercida por las estructuras morales que aún perduran en la conciencia de los queretanos. Sus habitantes tienen vidas sexuales muy activas y diversas pero la libertad en la manera en que llevan a cabo esta realización sexual está permeada de una actitud  dominada por la hipocresía de una doble moral poco flexible, lo que convierte esta fuerte tendencia cachonda no en apertura social, sino en la expresión de esa misma desesperación por ejercer una sexualidad plena que no esté limitada por la discrecionalidad de las “apariencias”.

Monsiváis tenía razón: Querétaro ya no es mocho, aunque de alguna manera sigue cargando con ese bagaje moralista y enfrenta actualmente un periodo de transición y transformación social que será definitivo. Para aquellos que aún parten del lugar común que predica que esta ciudad es conservadora, aburrida y doble moralista, no queda más que invitarlos a recorrerla, adentrarse en sus entrañas y saber lo que nos ofrece, independientemente de que lo tomemos o no. Para aquellos que no la conocen, esta guía puede servir de ayuda para estar mejor ubicados al recorrer sus calles, e incluso, para no caer en el lugar equivocado. Todo sea por conocer las facetas más íntimas y clandestinas esta ciudad, de ir más allá de la realidad virtual de una pantalla de computadora y salir a la calle a dar la vuelta en la “muy leal y muy noble ciudad de Querétaro”, tal y como la bautizó Francisco IV, virrey de la Nueva España, haciendo plena alusión a esa queretaneidad modesta, que hace lujo de discrecionalidad, tapujo y vergüenza.

Manuel Ortiz

Fotos: Manuel Ortiz y Gabriela Reséndiz Segovia